Provocación y pasarela: a propósito del “no futuro” en el punk

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Vivienne Westwood y Malcom McLaren son nombres que, posiblemente, han pasado desapercibidos para muchos amantes del ruído y la escena punk a lo largo de los años. Sin embargo, más allá del desconocimiento generalizado, slogans abanderados por generaciones como el no futuro, el life fast and die young, los taches en el cuero, los spikes y la demostración pública de marginalidad exagerada como actitud frente a la vida encontraron su cauce y expansión en el mundo gracias a la proyección comercial que, desde el mundo de la moda, fue ideada en SEX. La provocación e irreverencia, determinantes para muchos como vectores de la “verdadera esencia del punk”, se formaban, allá en la década de los setenta, como estrategias de mercado y conceptos base para la nueva oleada de fashion que invadiría la Gran Bretaña.

Las formas del estilo gestadas durante el reinado de Eduardo VII entre 1901 y 1910 tuvieron un resurgimiento particular durante la década de los años 50. Los llamados Teddy Boys y Teddy Girls, encopetados, andando en plataformas y con sus trajes de tres piezas inundaban las calles de Londres de ese entonces. Años más tarde, con el revival del rock n’ roll y la subsecuente oleada de comercio que generó para la industria de la moda, la música y los automotrices Vivienne Westwood y Malcom McLaren inaugurarían, en el 430 del Chelseas King’s Road, Let It Rock una tienda enfocada en la venta de accesorios e indumentaria para los teddy del momento. La mayoría de las prendas eran diseñadas por la propia Westwood quien, en términos concretos, se ocupaba de la planeación y la creación de las prendas, así como de la proyección de nuevas líneas de diseño, mientras su compañero se dedicaba, fundamentalmente, a los procesos de comercialización y posicionamiento de la marca dentro del panorama underground de la Londres del momento.

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Hacia 1973, buscando aproximarse cada vez más a las transformaciones propuestas por el mercado rocker del momento, Let It Rock pasaría a ser, tan solo un año más tarde, Too Fast To Live Too Young To Die. Enfocados en el despliegue cada vez más notorio de la estética bondage, el uso del cuero y el latex en prendas, así como de cremalleras y púas Westwood y McLaren rebautizaron su negocio como SEX en 1974. La historia de la tienda seguiría a lo largo de los años con su reinterpretación en el 76 como Seditionaries y su último cambio de nombre y concepto hacia finales de 1980 como World’s End, rediseñando, no solo el concepto, sino incluso el edificio que la cimenta hasta el día de hoy.

 

 

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Entre 1974-76 —de manera paralela al tránsito entre el Ministerio de Educación y la consecución del liderazgo de la oposición por parte de la dama de hierro— SEX jugó un papel fundamental en lo que sería la apuesta estética del movimiento punk. La idea de conceptualizar en términos de fashion la actitud contestataria de la juventud del momento fue la misión principal de Westwood durante este periodo. Sin embargo, dicha conceptualización requería de una herramienta de difusión que consiguiera masificar su propuesta y brindarle una repercusión significativa, algo que, tanto Westwood como McLaren —comerciantes de pura sepa y creativos afiliados a la tendencia— desearon desde el inicio. Así, entrados ya en la mitad de la década, tras los bastidores del comercio londinense nace lo que sería, para muchos, la banda encargada de diseminar la estética punk a lo largo y ancho del globo: los Sex Pistols.

 

 

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Tanto Vicious como Matlock trabajaron como dependientes en SEX y John Lydon (quien se convertiría, posteriormente, en Johhny Rotten) era un comprador frecuente de la tienda. McLaren, el típico WASP capitalista, con amplia proyección empresarial y un conocimiento notable de las dinámicas mercántiles de la escena “underground” del Reino Unido, consolidó en su espacio la reuinón de los muchachos y llevó a cabo el lanzamiento de los Sex Pistols valiéndose de una astuta campaña de mercado centrada en la provocación generando controversia en el marco del jubileo de Isabel II. Su proyecto fue un éxito rotundo: desde las portadas de los singles y los álbumes, hasta el vestuario y la indumentaria construída por Westwood, la “irreverencia” contra la monarquía inglesa garantizó para la pareja de diseñadores un caudal oneroso de dinero y un reconocimiento internacional importante en el mundo de la moda, sin mencionar los adelantos monetarios con las discográficas y el contrato final con Virgin por parte de los Pistols.

Sin embargo, las repercusiones de este ingenioso movimiento comercial tuvieron un alcance sin precedentes, más allá del dinero y de los estrechos límites de la vieja Londres. Esa actitud agresiva, fanfarrona, ausente de cualquier perspectiva de cohesión colectiva más allá del “descontrol revolucionario” marco un hito y, practicamente, una especie de deber ser del punk en el mundo entero. Un deber ser imaginado, incuestionado y ausente de una perspectiva crítica coherente, pues poco se sabía de su surgimiento y las condicones del mismo: parecía que el “no futuro” surgía entre las calles, como una suerte de presencia eterea, sin principio, ni fin y no como una proyección de mercadeo adelantada desde el street fashion para su inserción en un paradigma internacional.

Evidentemente esta posición fue reevaluada con el paso de los años y, de la mano de la creciente necesidad de hacer del ruido una propuesta de vida capaz de reunirnos y proponer, en las antípodas incineradas de este mundo, otras formas de vida y de creación diferentes, vinieron formas de recomprensión interesantes de aquello que implica una afirmación que niega al tiempo y a su posibilidad tal como el no futuro. Negar la plausibilidad de un porvenir bajo las condiciones propuestas por nuestro presente suena cada vez menos a utopía y más como una realidad inevitable. Hablamos de condiciones ambientales, tecnologías, económicas, legales y sociopolíticas que, proyectadas con una mirada que aspira hacia el mañana, lo hacen imposible por sí mismas. Pensemos, sin ir más lejos, en las problemáticas planteadas por el antropoceno, las migraciones masivas y su repercusión concreta en el débil modelo económico construído en el marco de las democracias y la fase actual del capitalismo, el desarrollo de la web semántica y sus funciones 4.0, el posible colapso de los estados nación como factores de reunión y construcción de identidad colectiva más allá de los antiguos horizontes conocidos.

Sin ir más lejos, ante una realidad tan compleja, dolida y heterógenea la provocación y esas antiguas ideas originarias que sustentaban las apuestas estéticas del no futuro actualmente se distancian, cada vez más y más, de una propuesta significativa, revoltosa, transformadora al fin y al cabo. El desconocimiento de su punto de orígen como poco más que una estrategia de marketing en el mundo de la moda y de su utilización como excusa por una, desafortunada, pero numerosa parte de miembros de la escena punk  para reproducir la violencia y la discriminación en el seno del movimiento hacen del “no futuro” poco menos que una ridícula y desgastada imagen del orgullo por la ignorancia, de la contradicción, la pereza y el desinterés. Poco o nada subvierte o contraviene, en ese sentido, una actitud mitificada que nace del desconocimiento y que al final solo termina reproduciendo las dinámicas de la sociedad que tanto se propone criticar. Poco o nada o, por qué no decirlo ya de lleno, nada en absoluto.

El panorama del punk en Colombia, por supuesto, no ha sido la excepción a este respecto. Y por ello, con rabia andando entre los dedos, este brevísimo texto.

Paz,

Andrés Castañeda.

 

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