Bliss: “Deimos” o de la emoción como viaje

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Bliss: no el exquisito y poco mencionado tema de Muse, no uno de los posibles nombres de lo que tiempo despúes fuera Nirvana. No. Esta vez quisiera hablar de Bliss como lo que es para mí en este momento: una agrupación bogotana que entre el shoegaze y la psicodelia contemporánea ha producido lo que, considero, es uno de los trabajos más fascinantes que nos deja este semestre del 2018 dentro de la capital: Deimos.

El disco abre con el tema homónimo “Deimos”, una pieza en donde se hace manifiesta, sin duda, la potencia emocional que se sitúa en la base de este trabajo. La construcción atmosférica desplegada ante nosotros con esa suerte de discusión interesante que se plantea entre las guitarras y el teclado —desarrollada en el marco de un eco intermitente en el transfondo— nos localiza en una situación donde entendemos, con la escucha, que nos encontramos ante un trabajo de alto calibre.

Por su parte, el protagonismo de la línea de bajos en “Metaflora” y la consolidación de los coros es fascinante y, para mi, la columna vertebral del este segundo tema sin lugar a duda. La letra, por demás, está bien lograda y consigue extender sobre la mesa todo un arsenal de imágenes y cromatismos interesantes que, sin embargo, pierden mucha fuerza en distintos momentos por la voz principal y la inclusión de uno que otro sonido como de sintetizador estridente que desencaja, que rompe con toda la atmósfera que se viene consolidando y que, por fortuna, desaparece hacia el final de la canción permitiéndole así reencauzar todo su vigor.

Luego de las flores y la carne, esa apertura atmosférica de corte galáctico y reposado, elegante, que empata perfectamente con la distorsión del riff inicial se encarga de indicar el camino en “Visión Cromática I”. Tras las guitarras, la presencia de la percusión tiene una fuerza singular que, por demás, potencia lo suficiente las apuestas contundentes del bajista. Además, la intervención rigurosa y atemperada del teclado hacen de este, posiblemente, mi tema favorito de todo el álbum. Sin mencionar la tremenda gama de texturas con las que se la juegan los Bliss en este caso para dar paso, sin pausas, pero sin prisas, a su “Melancolía”.

Ahora bien, debo reconocer que mi primera impresión de esta pieza en particular fue la del encuentro con un tema tan aburrido, como poco interesante. Lo percibí como un encuentro indeseado con alguien de quien no esperamos nada diferente a lo que “es”. Y así se mantuvo mi tedio hasta un poco más allá de la mitad del tema: allí la cosa cambió rotundamente. Interceptado por unos vocales abatidos que marcaban el paso hacia lo que restaba por venir tras la mitad del viaje, “Melancolía” terminó para mi como una canción que obliga a la paciencia. Que enseña, en cierto modo, ese difícil pero grato don de la espera atenta en la escucha.

Tras esta lección nos queda “Sangra”, el cuál es el primer sencillo presentado por los Bliss y, posiblemente, en términos de un proceder orgánico y complejo en las canciones, puede que sea la pieza más completa del álbum. Poco que objetar y mucho que agradecer a este respecto. Creo que posiblemente esta canción posee la letra más poderosa de todo el trabajo: se siente el doler desprendiéndose en la voz conforme pasan los segundos. Un temazo, sin duda.

Ahora bien, tengo que admitir que, pese al movimiento inicial que plantea “Visión Cromática II” y a ese despliegue protagónico rotundo por parte del teclado y la batería en el transfondo, la verdad es que el tema no me llevó a ninguna parte. Lo sentí, tal vez, como la espera de un ascensor para bajar de un séptimo a un primer piso en una noche de viernes. Es decir, un esperar que agrada, que abre la expectativa hacia un sin fin de posibilidades tomando forma en medio de la noche, pero que, sin embargo, olvidamos una vez que se abre la puerta y damos el primer paso.

Por otro lado, con “Anhedonia” me pasó algo bonito y curioso cuanto menos que contrastó con la situación anterior. Sentía que el proceso y la estructura de ese riff abriendo la canción ya había pasado por mis manos alguna vez y, luego de dejar de escuchar por un momento y pensarlo detenidamente vino a mí, como una casualidad risueña, como una alegría inesperada: “¡El riff del video tutorial de los Chachi Guitar estilo King Crule!”. Después de una risa amena la verdad quedé muy a gusto con el camino que labra la banda para la culminación de este trabajo. Particularmente, con el repertorio visual que logran construir en esta vía hacia el fin: letras muy sugerentes, muy precisas en la manera en cómo construyen los contornos de las escenas que buscan alcanzar y que se complementan con ese trabajo instrumental tremendo que termina yéndose, tal como llegó, en el marco de un eco intermitente.

Un album atractivo, cautivante y encantador la mayoría de las veces. Algo tedioso en uno que otro momento sin que por ello se vea realmente afectada la escucha del mismo. Pueden realizar el streaming completo a través de Spotify, valdrá el tiempo entregado.

Recomienda con cariño,

Harry P.

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